Tras una derrota electoral que no estaba en sus planes, el presidente Javier Milei busca reorganizar su gobierno. Sorprendido por el resultado, activó rápidamente dos reuniones de gabinete y anunció una nueva «mesa política» que se reunirá en la Casa Rosada. Esta jugada, que el gobierno vende como una señal de fortaleza, es muy similar a la que implementó Mauricio Macri en 2018 cuando su plan económico entró en crisis.
En aquel momento, Macri convocó a sus aliados para dar la impresión de mayor consenso y gobernabilidad, aunque el poder de decisión seguía centralizado en su círculo más cercano. De igual manera, Milei descartó cambios en el gabinete, y en su lugar, anunció un nuevo espacio político con su hermana, Karina Milei, y figuras clave como Guillermo Francos, Patricia Bullrich, Santiago Caputo, y Martín Menem. También se anunció una «mesa de diálogo federal» con los gobernadores, aunque varios de ellos ya han manifestado su rechazo.
La interna libertaria: una batalla sin cuartel
La decisión de Milei se produce en medio de una feroz interna en La Libertad Avanza. La derrota en las urnas expuso aún más la guerra fría entre el sector liderado por Santiago Caputo y el de los hermanos Menem y Sebastián Pareja, cercanos a Karina Milei.
Tras el fracaso electoral, el grupo de Caputo impulsó una campaña para exigir la reorganización urgente del gabinete y una reestructuración interna, criticando a los principales colaboradores de la hermana del Presidente. Sin embargo, por ahora, todo indica que Karina Milei mantiene el control y el Presidente no planea ceder a las presiones.
¿Una estrategia con falencias?
La nueva mesa política enfrenta varios desafíos. Para empezar, el propio Milei es conocido por su aversión a estos espacios de discusión, prefiriendo delegar la gestión en su círculo de confianza para centrarse en el programa fiscal.
Además, la desconfianza entre los miembros de esta nueva mesa es profunda. La influencia de Karina Milei es inamovible, y los actores son los mismos que ya estaban en una batalla de poder, lo que hace dudar de la eficacia de este nuevo formato.
Incluso aliados y funcionarios reconocen la necesidad de un interlocutor político fuerte y confiable, algo que, a su juicio, hoy no existe. La falta de un sistema claro de toma de decisiones y las constantes disputas internas han dejado a gobernadores y legisladores a la deriva, complicando la construcción de consensos.
A esto se suma la preocupación por el impacto del plan económico. Si bien el gobierno resalta la baja de la inflación, el descontento social por la falta de un programa que reactive la economía, especialmente en el conurbano bonaerense, es cada vez mayor.
En medio de acusaciones cruzadas y desmotivación, el gobierno se encamina a las próximas elecciones con más incertidumbre que certezas.