La economía argentina transita la mitad del año con señales mixtas. Mientras los precios retoman su senda descendente y sectores clave impulsan el PBI, el consumo masivo y el mercado laboral exhiben una recuperación más lenta y dispar.
El inicio del segundo semestre de 2026 encuentra a la Argentina en un punto de inflexión. Tras la inestabilidad cambiaria derivada del ciclo electoral de finales de 2025, la inflación ha vuelto a ceder. Sin embargo, el interrogante central de los analistas es si el empuje de los «sectores ganadores» será suficiente para traccionar al resto del entramado productivo.
1. Inflación: el camino hacia el dígito mensual
El control de los precios sigue siendo el eje ordenador de la macroeconomía. Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, se proyecta un 2,1% para julio, con una tendencia que perforaría el 2% hacia agosto y octubre. Pese a la mejora, el objetivo oficial de alcanzar un dígito mensual antes de fin de año parece aún esquivo.
Iván Cachanosky, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, explica que el rebrote inflacionario previo fue una respuesta directa a la incertidumbre política, que presionó el tipo de cambio y erosionó los salarios. Por su parte, Martín Kalos (EPyCA Consultores) advierte que la estrategia oficial parece priorizar la estabilidad del salario real en sus niveles actuales antes que una recomposición agresiva.
2. Salarios y Consumo: una brecha que persiste
La recuperación del poder adquisitivo es desigual. Osvaldo Giordano (Ieral – Fundación Mediterránea) anticipa una mejora suave vinculada a la desinflación, aunque recuerda que los salarios formales arrastran un deterioro del 20% en la última década.
El escenario se divide en dos:
- Sectores dinámicos: Minería, energía y petróleo, con salarios dolarizados que superan la inflación.
- Sectores rezagados: Empleo público e industria, donde los ingresos apenas logran empatar el costo de vida, sin recuperar lo perdido en los últimos dos años.
3. Actividad Económica: el impulso del RIGI y Vaca Muerta
El PBI proyecta un avance del 2,8% para todo 2026, pero con una fisonomía particular. Es, según Kalos, un «crecimiento de pocos amigos»: sectores capital-intensivos que generan divisas pero poca mano de obra directa.
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) se posiciona como el gran motor. Con 13 megaproyectos aprobados y USD 27.000 millones comprometidos, la economía empieza a ver el paso de los anuncios a la ejecución. Esto beneficia directamente a:
- Energía (Vaca Muerta)
- Minería (Litio y Cobre)
- Agroindustria
- Economía del Conocimiento
En la otra vereda, la construcción, el comercio minorista y la industria manufacturera siguen enfrentando un escenario asfixiante, a la espera de una baja de tasas y una mayor expansión del crédito privado.
4. Empleo y Formalización: el impacto del RIFL
El Gobierno apuesta al Régimen de Incentivo a la Formalización Laboral (RIFL), que ofrece rebajas en contribuciones patronales. Si bien los economistas ven con buenos ojos el abaratamiento de la registración —especialmente en la construcción—, dudan que sea un generador neto de nuevos puestos. José Vargas (Evaluecon) sugiere que la herramienta servirá más para regularizar trabajadores existentes que para reducir la desocupación, la cual se mantendría en torno al 7,4% hacia fin de año.
5. El tablero de riesgos: el frente externo e interno
El horizonte no está libre de nubarrones. En el plano internacional, la guerra comercial entre EE. UU. y China y los conflictos en Medio Oriente podrían afectar los precios de las commodities (soja, litio) y el costo del crédito externo.
En el plano local, el consenso es casi unánime: la sostenibilidad del modelo depende de la paz política. Giordano subraya la importancia de no dispersar esfuerzos y profundizar las reformas, mientras que Vargas y Kalos advierten sobre el «riesgo social» si la mejora macroeconómica no logra derramar pronto en el bolsillo de la calle y en la creación de empleo de calidad