El Xeneize consiguió su quinta victoria consecutiva con una actuación destacada de su delantero uruguayo y da un nuevo paso firme en su camino hacia el título del Torneo Clausura. Ahora, espera a Argentinos Juniors en la próxima fase.
Uno de los indicios más claros de la notable mejoría que ha experimentado Boca en las últimas semanas se manifestó en la cálida ovación con la que la hinchada despidió al equipo al dirigirse al vestuario durante el entretiempo del encuentro contra Talleres. Si bien el ambiente estaba eufórico por el penal clave que Agustín Marchesin acababa de atajarle a Mateo Cáceres, lo cierto es que la Bombonera de finales de 2025 exhibe un clima radicalmente distinto al que prevaleció a lo largo del año.
El factor anímico se presenta como un punto de partida fundamental para analizar el desempeño de Boca. Un cambio de actitud que se percibe y se propaga desde el campo hacia la tribuna y viceversa. Esto ocurrió a pesar de que la primera mitad no fue, en absoluto, un trámite sencillo para el local. Por el contrario, la audacia de Talleres se impuso desde el inicio, estableciendo una superioridad numérica en el mediocampo que obligaba a Leandro Paredes y Milton Delgado a redoblar esfuerzos, encontrando en la movilidad de Ulises Ortegoza el enlace perfecto para acelerar los ataques y generar peligro para el equipo dirigido por Carlos Tevez. Tal fue la intensidad inicial que, en los primeros seis minutos, la «T» generó hasta cinco aproximaciones de cierto riesgo.
No obstante, esta postura tan adelantada de la visita (que por momentos jugaba con su última línea en la mitad de la cancha) hacía prever que, apenas Boca lograra encadenar tres pases precisos, el peligro se invertiría. Y así sucedió justo antes de los diez minutos, cuando Merentiel se encontró en posición favorable dentro del área, pero optó por asistir a un Milton Giménez que estaba aún mejor ubicado. El «nueve», en una noche poco inspirada, remató desviado. El partido continuó, pero lo destacable fue que el Boca de otros momentos habría interpretado esa ocasión fallida como un mal augurio, algo que no ocurrió en este nuevo contexto.
Para el momento en que Boca logró abrir el marcador (nuevamente mediante un córner ejecutado por Paredes), el juego ya se había vuelto mucho más reñido. Boca insistía con los centros desde la izquierda, cortesía de Lautaro Blanco, aunque Talleres continuaba ejerciendo una presión efectiva y atacando con riesgo, como en la jugada donde Ortegoza quedó cara a cara con Marchesin. El arquero Xeneize demostró con su atajada que, para él también, las rachas negativas han quedado atrás. El gol, que llegó tras un rebote en el ángulo del arco de Herrera luego de un buen cabezazo de Di Lollo, le cayó justo a «La Bestia» para firmar el 1-0. Poco después, llegó el penal, provocado por la torpe acción defensiva de «Changuito» Zeballos al intentar cortar un centro de Schott. La atajada crucial de Marchesin selló su camino de redención.
Al igual que contra River, el complemento comenzó con un gol de Merentiel, quien esta vez definió con precisión un excelente centro de Blanco. Con ese tanto, el partido prácticamente quedó sentenciado. Boca pareció ejecutar a la perfección el guion, sabiendo cómo desarmar la desafiante noche y, más importante aún, habiendo asimilado las lecciones de partidos recientes como los jugados contra Central Córdoba y Belgrano.
Los dirigidos por Tevez lo intentaron, pero se mostraron como un equipo mermado. Carecían de claridad y sorpresa, y lamentaban no haber sabido aprovechar su mejor momento. Boca, nuevamente, tuvo chances para golear, y una vez más, mucho tuvo que ver su «nueve» para que no lo consiguiera. Sí hubo tiempo para presenciar destellos de fútbol de alta escuela cuando ingresó Ander Herrera y se asoció con Paredes y Cavani en una triple pared que, aunque no prosperó, levantó al público. Hubo minutos de sobra para que la gente delirara y siguiera alimentando la ilusión de un cierre de año que no estaba en los planes de nadie, especialmente de aquellos que, tan solo unos meses atrás, despedían al equipo con insultos dos veces por partido.