“Todos los ayeres, hoy”: Un tour entre la memoria y lo fantástico

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Microfono Abierto

“Todos los ayeres, hoy” propone un trayecto performático por las diversas existencias de la construcción, donde una guía oficial y la “aparición” de Inés de Dorrego entablan una disputa entre la memoria, el archivo y la ficción.

Que el barrio de Recoleta esté habitado por espectros no es una novedad; las leyendas de almas en pena que deambulan por la zona forman parte del folclore local. Sin embargo, que uno de ellos decida abandonar su descanso en el Cementerio para irrumpir en una visita histórica dentro del Centro Cultural Recoleta, representa un giro inédito.

El encuentro se produce promediando un nuevo recorrido performático. La experiencia inicia de forma convencional: la guía (interpretada por Tati Forace) traza la cronología del edificio —desde convento franciscano y hospital hasta asilo y centro cultural— mientras un grupo de 40 personas recorre patios y galerías. No obstante, cuando el relato histórico parece consolidarse, emerge una figura que cuestiona cada dato. Es el fantasma de Inés de Dorrego (encarnado por María Inés Aldaburu), quien contradice, rectifica y, por momentos, desarticula la narrativa oficial.

Esta propuesta integra «Todos los ayeres, hoy», una performance site-specific creada para conmemorar el 45° aniversario del Centro Cultural Recoleta. La obra fue concebida por Julieta Ascar, profesional de vasta trayectoria en el ámbito teatral como escenógrafa, directora y realizadora. Durante noventa minutos, el tour transita por rincones poco conocidos de la estructura y finaliza en la terraza, ofreciendo una vista del atardecer donde la silueta de la Facultad de Derecho se funde con el horizonte del Río de la Plata.

El vínculo con el camposanto y la leyenda de Inés

La cercanía del Cementerio de la Recoleta no es casual. Durante centurias, el convento y el cementerio compartieron terreno y destino; hoy, son parte de una misma trama histórica. Inés de Dorrego —aristócrata porteña y cuñada de Manuel Dorrego— protagonizó un suceso póstumo que cimentó su mito: en 1881, su cadáver fue robado de la bóveda familiar por la banda «Los Caballeros de la Noche», quienes exigían un rescate económico. Aunque los restos fueron recuperados, el episodio quedó grabado en la memoria urbana.

La génesis de la obra radica en interpretar la arquitectura del Recoleta como un documento vivo. “La fórmula es tomar un lugar, investigar sobre su historia y tomar la arquitectura como texto”, detalla Ascar. “Que la historia y la arquitectura sean la primera materia, en vez de escribir una obra y después adaptarla”.

El proceso creativo incluyó una investigación profunda junto a Valeria Bortoletto, del CeDIP (Centro de Documentación, Investigación y Publicación del Recoleta). Sobre la base de planos, archivos y registros, se construyó un acervo que luego fue procesado por el escritor Matías Juan Dinenzon, el músico Ezequiel Abregú —responsable de una dimensión sonora que dialoga con la tradición electroacústica del centro— y el dramaturgo Valentino Grizutti, encargado de convertir el archivo en un dispositivo escénico.

La fragilidad del relato oficial

Sintetizar tres siglos de historia reveló una serie de contradicciones. “Cuando investigás parece que vas a encontrar una cosa y encontrás otra. Hay muchos contrapuntos”, explica Ascar. Ante la existencia de registros fragmentarios, la pieza opta por integrar deliberadamente confusiones, datos desplazados y exageraciones. “La intención también es marear. Subrayar esa fragilidad”.

Inés de Dorrego es la encargada de sembrar la duda en los visitantes. Si la guía precisa una fecha o función, el fantasma las pone en entredicho, introduciendo incluso datos improbables que obligan al público a decidir a quién otorgar veracidad.

Esta inserción de errores intencionales —como la mención de materiales inexistentes en la obra— busca ironizar sobre el vínculo local con el patrimonio. “Refundamos y refundamos. Viene uno y hace todo de vuelta. Es un loop muy porteño”, reflexiona Ascar, señalando una falta de compromiso patrimonial que vuelve a la historia una construcción inestable.

El edificio mismo es testimonio de esta mutabilidad: fundado en el siglo XVIII como claustro, ha sido sucesivamente hospital de clérigos, asilo de ancianos y centro de asistencia social antes de su fisonomía actual. El trayecto concluye en la terraza donde, a través de auriculares, una voz evoca lo desaparecido: “Si hubieses estado acá ayer, lo habrías visto”. En ese vacío, la arquitectura y el fantasma de Inés terminan de narrar lo que ya no está.

Ficha del evento:

  • Obra: Todos los ayeres, hoy.
  • Cita: Lunes 23, a las 19:00 hs.
  • Inscripción: A través de la web oficial del Centro Cultural Recoleta.
  • Detalles: Recorrido a pie de 90 minutos. No apto para personas con movilidad reducida. Actividad gratuita.

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