Tensión en el Senado: Definen cargos clave en medio de una fuerte interna política

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Microfono Abierto

La Cámara alta se encuentra inmersa en una disputa silenciosa pero determinante por el control de organismos estratégicos. En una pulseada de alto voltaje, el oficialismo y sus aliados avanzan sobre espacios que el kirchnerismo intenta recuperar, mientras se definen nombres con peso propio y movimientos tácticos que reconfiguran el tablero de poder interno.

La pelea por el control administrativo y político del Congreso sumó un nuevo capítulo con el reparto de las comisiones bicamerales. Tras las heridas abiertas en la conformación de las comisiones unicamerales, el foco de la tensión se trasladó ahora a ámbitos de máxima sensibilidad, como la Bicameral de Inteligencia y la Mixta Revisora de Cuentas, espacios clave por su manejo de información reservada y su capacidad de auditoría.

El conflicto escala en un contexto donde el kirchnerismo reclama posiciones que considera propias, argumentando que le fueron arrebatadas por La Libertad Avanza (LLA) y los sectores dialoguistas en votaciones anteriores. Lejos de apaciguarse, la tensión se traduce en acuerdos subterráneos entre libertarios y aliados que buscan reordenar el mapa de influencias en los pasillos del Senado.

Inteligencia: el factor Moisés y la interna peronista

Uno de los puntos de mayor fricción se encuentra en la comisión de Inteligencia, que goza de un presupuesto reservado y una relevancia política singular. En este esquema, el nombre de la jujeña Carolina Moisés emerge como una pieza central. La senadora, quien recientemente pidió en redes sociales por la situación judicial de Cristina Kirchner, cuenta con el respaldo de sectores de LLA y aliados para ocupar la vicepresidencia del cuerpo.

Este movimiento generó una reacción inmediata en el kirchnerismo duro. El entorno de la ex presidenta ha intentado desplazar a Moisés durante meses en una interna cargada de cruces y desconfianza. La relación, marcada por idas y vueltas, suma así un nuevo episodio en un escenario de alianzas cada vez más volátiles.

El reparto de los siete lugares correspondientes al Senado en dicha bicameral refleja el nuevo equilibrio de fuerzas:

  • Maximiliano Abad (UCR) y Martín Goerling (PRO) tienen su ingreso asegurado.
  • Carolina Moisés se sumaría al esquema junto a Edith Terenzi (vinculada al radicalismo).
  • El bloque kirchnerista enfrentaría un retroceso significativo: podría pasar de tener tres representantes a contar con apenas uno.

Tras la salida de Oscar Parrilli, los nombres en danza por el peronismo fueron Florencia López y Eduardo «Wado» de Pedro. Sin embargo, versiones cercanas al cristinismo indican que De Pedro podría desplazarse a la comisión de Acuerdos, lo que abriría la vacante para el ingreso de Martín Soria.

El avance oficialista y la revisión de cuentas

Por su parte, La Libertad Avanza busca consolidar su presencia con el rionegrino Ezequiel Atauche y el fueguino Agustín Coto. La designación de este último generó ruidos internos entre los aliados debido a cuestionamientos sobre su experiencia. Con este armado, el oficialismo apunta a minimizar la influencia kirchnerista en áreas de seguridad nacional.

En paralelo, la disputa alcanza a la Mixta Revisora de Cuentas, el organismo encargado de articular con la Auditoría General de la Nación (AGN). Allí cobra fuerza la figura de Guillermo Andrada, senador de Catamarca alineado con el gobernador Raúl Jalil, quien podría asegurarse un asiento estratégico.

Andrada y Moisés comparten el espacio Convicción Federal, un grupo bajo la lupa de los sectores dialoguistas, quienes expresan dudas sobre su posicionamiento en votaciones críticas. El antecedente inmediato en esta comisión es el de Miguel Pichetto, quien durante su presidencia avanzó en la revisión de cuentas de las gestiones de Mauricio Macri y Alberto Fernández, lo que vuelve aún más sensible la pelea actual por el control del organismo.

Mientras el Senado redefine su arquitectura interna, el oficialismo capitaliza la fragmentación de la oposición para avanzar en áreas estratégicas. La disputa por las bicamerales no solo expone las fracturas del peronismo, sino también una dinámica parlamentaria regida por acuerdos tácticos y movimientos de corto plazo.

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