A medio siglo del quiebre institucional de 1976, monseñor Gustavo Carrara ratificó el compromiso de la Iglesia Católica con el «Nunca más» a la violencia dictatorial, destacando que el reciente comunicado de la Conferencia Episcopal Argentina es fruto de un profundo proceso de debate interno. Bajo la consigna de un rechazo absoluto a la represión estatal y la búsqueda constante de una democracia más justa, el arzobispo platense subrayó que la construcción del futuro nacional exige un ejercicio de memoria que sea íntegro y luminoso, rechazando la idea de dar vuelta la página como si los hechos del pasado carecieran de impacto en el presente.
En su análisis sobre la realidad contemporánea, Carrara trazó un paralelismo entre los mecanismos de agresión del pasado y las nuevas formas de hostilidad que emergen en el debate público. Advirtió que la violencia suele gestarse en las palabras, ya sea en las redes sociales, en la vida cotidiana de los barrios o en el ámbito legislativo, y que tales discursos de odio pueden derivar rápidamente en acciones directas que deshumanizan a la sociedad. Para el prelado, el desafío actual reside en saber navegar contracorriente frente a la polarización y la exclusión, proponiendo un camino de mayor delicadeza humana que transforme las herramientas tecnológicas y los medios de comunicación en puentes de unión y esperanza en lugar de muros de división.
Respecto al rol institucional durante los años de plomo, el arzobispo enfatizó que la Iglesia ha pedido perdón de manera reiterada por la falta de audacia o compromiso de algunos de sus miembros en aquellos tiempos oscuros. Mencionó como prueba de este proceso de revisión la exhaustiva investigación plasmada en la obra «La verdad los hará libres», que documenta la actuación eclesiástica entre 1966 y 1983. Inspirado en el magisterio del papa Francisco, Carrara concluyó que la única forma de evitar la repetición de las tragedias históricas es mantener viva una memoria que no sea selectiva, orientando el presente hacia la reconstrucción del diálogo y la paz social.