El presidente Donald Trump ha dado un paso firme al declarar que la guerra contra la República Islámica ya está «ganada», llegando a asegurar ante militantes en Kentucky que el conflicto se resolvió «en la primera hora». Con un tono triunfalista, el mandatario republicano afirmó que la ofensiva en Medio Oriente cumplió sus objetivos con una rapidez inesperada, dejando a las fuerzas iraníes sin capacidad naval, aérea ni de comunicaciones. No obstante, a pesar de su insistencia en que la victoria es un hecho, Trump matizó que la retirada no es inmediata, subrayando la necesidad de «terminar el trabajo» antes de abandonar la región.
Esta postura genera una evidente contradicción con la realidad diplomática y militar, ya que formalmente no existen plazos, condiciones ni acuerdos que ratifiquen el cese de las hostilidades por parte de la coalición que Estados Unidos integra junto a Israel. De hecho, no es la primera vez que el empresario recurre a este tipo de anuncios unilaterales; hace apenas 48 horas ya había manifestado que el enfrentamiento estaba «prácticamente terminado», una narrativa que choca con la falta de claridad sobre la duración real de la campaña.
Mientras el discurso oficial se centra en el éxito militar, una investigación reciente publicada por The New York Times ha puesto el foco en las trágicas consecuencias de la ofensiva. Se ha confirmado la responsabilidad directa de Estados Unidos en el bombardeo contra la escuela primaria Shajarah Tayyebeh, ocurrido el pasado 28 de febrero. El ataque, ejecutado con un misil Tomahawk, resultó en la muerte de al menos 175 personas, en su mayoría niñas, exponiendo una falla crítica en la cadena de mando del Comando Central.
El desastre fue producto de un error de inteligencia, debido a que se utilizaron coordenadas desactualizadas de la Agencia de Inteligencia de la Defensa para atacar lo que se creía era una base de la Marina de la Guardia Revolucionaria. Aunque el predio educativo de la ciudad de Minab perteneció en el pasado a dicha instalación militar, las imágenes satelitales demuestran que el sitio ya había sido transformado para uso civil, con la eliminación de torres de vigilancia y la construcción de infraestructura escolar, cambios que fueron ignorados durante la planificación del ataque.