Mundial 2026: Una previa marcada por los precios altos y temor migratorio

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Microfono Abierto

El desorbitado precio de las entradas y del transporte público marca una brecha de desigualdad creciente. Mientras la FIFA defiende los valores, Amnistía Internacional advierte sobre riesgos para los DD.HH. y posibles detenciones arbitrarias de turistas.

A medida que se aproxima el Mundial 2026, la efervescencia característica de las previas mundialistas brilla por su ausencia. Diversos factores actúan como barrera: la coyuntura del fútbol local, el cierre de la temporada europea y, fundamentalmente, la elección de una sede como Estados Unidos, percibida históricamente como poco hospitalaria para la cultura futbolera tradicional. Cada nuevo detalle logístico parece diseñado para alejar al hincha argentino y global, configurando un evento donde el costo de vida y los problemas organizativos priman sobre la pasión.

Si bien el inicio del torneo suele silenciar las críticas, esta edición carga con tensiones sociales invisibilizadas. A diferencia de Qatar 2022, donde el foco estuvo en los derechos de los trabajadores, hoy el conflicto se traslada a la seguridad y la migración. La organización Unite Here Local 11 denunció un «entorno de trabajo inseguro» ante la falta de restricciones a los agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas). La amenaza de huelga por parte de los trabajadores de los estadios es latente si la policía migratoria mantiene un rol activo durante el certamen, una política que la administración Trump ya ha señalado como central.

Advertencias globales y el riesgo para el visitante

El que se perfila como el Mundial más costoso de la historia para el público argentino suma ahora una complicación institucional. Amnistía Internacional publicó una carta advirtiendo sobre el deterioro de los derechos humanos en EE. UU. y la falta de garantías concretas por parte de la FIFA. El organismo alertó que los visitantes podrían enfrentarse a denegaciones de entrada arbitrarias o detenciones en condiciones inhumanas, un panorama sombrío para quienes planean seguir a sus selecciones.

El «capitalismo desesperado» de la FIFA

La brecha económica se ha vuelto insalvable. El sistema, apadrinado por la FIFA, ha disparado los precios a niveles récord:

  • Entradas: Ver a la Argentina en fase de grupos (ante Jordania o Argelia) promedia los 800 dólares, mientras que los tickets para la final ya rondan los 10.000 dólares. Gianni Infantino justificó estos valores argumentando que el mercado de reventa suele duplicar los precios oficiales.
  • Transporte: En Miami, el acceso al metro pasará de los 24 dólares habituales a valores que oscilan entre los 76 y 151 dólares. En Nueva York, el boleto ida y vuelta desde Manhattan costará 12 veces más de lo común, superando los 150 dólares.

Un éxito comercial que todavía no arranca

Paradójicamente, este modelo de «entretenimiento para ricos» está generando un efecto rebote en la ocupación. Según la revista Forbes, entre el 85% y el 90% de los hoteleros de Kansas City reportan reservas por debajo de un junio tradicional. Situaciones similares se replican en Boston, Filadelfia, San Francisco y Seattle.

Aunque México y Canadá comparten la sede con un clima mucho más futbolero, el peso del torneo recae en Estados Unidos. El fantasma del Mundial de 1994, recordado por su frialdad y carácter expulsivo, vuelve a sobrevolar el evento. Resulta irónico que el primer Mundial con 48 equipos, promocionado como el más inclusivo de la historia, termine siendo el más excluyente para los verdaderos dueños del espectáculo: Los hinchas.

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