LLA 2026: Dilemas del tercer año libertario ¿Qué sigue?

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Microfono Abierto

A medida que el año 2026 se perfila en el horizonte cercano, comienzan a manifestarse con mayor nitidez los desafíos estructurales que la administración de Javier Milei deberá gestionar durante su tercer año de mandato. La gran incógnita que domina el debate público es si la estabilidad argentina corre más riesgo por una dinámica de implosión, alimentada por errores de cálculo internos, o si la amenaza vendrá de una explosión generada por factores externos que desarticulen las certezas construidas por el oficialismo. Existen actualmente dos focos de inquietud que tensionan el relato gubernamental. Por un lado, surge la paradoja económica de por qué la inflación muestra signos de aceleración si la emisión monetaria, definida como la «adicción» original de la política, ha sido virtualmente eliminada. Por otro lado, persiste la duda política sobre la conveniencia de insistir con una lógica de recortes drásticos en áreas de alta sensibilidad social, una estrategia que ya demostró debilitar el capital político del Gobierno durante el último ciclo legislativo.

Estas señales de riesgo están obligando a una recalibración sutil pero significativa en la narrativa económica del presidente. Durante sus recientes intervenciones mediáticas, se ha podido observar un desplazamiento en la concepción del problema macroeconómico: el foco ya no está puesto exclusivamente en la oferta de dinero, sino en el comportamiento de su demanda. Según la nueva hipótesis que manejan Milei y el equipo encabezado por Luis Caputo, el reciente repunte inflacionario no responde a la impresión de billetes, sino a una caída en el deseo de los agentes económicos de mantener pesos en su poder. Esta evolución teórica intenta explicar por qué, aun habiendo erradicado el déficit fiscal y la emisión para financiarlo, el índice de precios al consumidor volvió a perforar el techo del 2% mensual, planteando el desafío de cómo bajar la inflación hacia el objetivo de cero absoluto sin generar una desconfianza que retroalimente el problema.

Para sostener esta explicación, el mandatario se apoya en la ecuación cuantitativa del dinero, una identidad económica fundamental que vincula los precios y la cantidad de bienes con la masa monetaria y su velocidad de circulación. Desde la perspectiva oficial, la incertidumbre electoral previa derivó en una dolarización que contrajo la demanda de moneda local, impactando directamente en los precios. Bajo esta lógica, la nueva estrategia busca cumplir dos objetivos simultáneos: acumular reservas internacionales y regular la base monetaria inyectando pesos únicamente cuando la demanda real lo requiera. Además, Milei ha extendido los plazos de efectividad de la política monetaria, argumentando ahora que sus efectos se perciben con un rezago de 26 meses, lo que postergaría la meta de inflación cero para el periodo comprendido entre junio y agosto del próximo año, siempre y cuando se mantengan constantes las variables actuales de «presión y temperatura» de la economía.

En el terreno estrictamente político, la incertidumbre radica en la tendencia de la gestión libertaria a generar conflictos autoinfligidos y en su dificultad para asimilar su condición de minoría parlamentaria. A pesar del crecimiento electoral, el oficialismo sigue tropezando con la misma piedra al intentar imponer agendas hegemónicas sin buscar los consensos necesarios en el Congreso, lo que se tradujo en una seguidilla de derrotas legislativas durante el 2025. Un ejemplo elocuente de este «tiro en el pie» fue la controversia en torno a los recortes en el área de discapacidad. Esta decisión no solo alienó votos de bloques aliados, sino que propició el surgimiento de un nuevo sujeto político activo, liderado por colectivos de familias damnificadas, que logró frenar iniciativas oficiales en el presupuesto. La insistencia en aplicar la «motosierra» sobre sectores con nulo sustento social o político representa una falta de aprendizaje que podría comprometer la viabilidad de las reformas más ambiciosas que el Gobierno proyecta para el 2026.

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