El gobernador de la provincia de Buenos Aires ratifica su papel como el mayor referente de la oposición y comienza a deslizar, a través de su discurso, sus aspiraciones presidenciales. “A no bajar los brazos, solo quedan dos años de esto”, enfatizó.
“A no bajar los brazos, quedan dos años de esto nada más”. Con esa frase contundente, Axel Kicillof clausuró su último acto de la temporada estival este miércoles en la localidad de Quequén. El mandatario estuvo escoltado por un grupo selecto de ministros y jefes comunales pertenecientes al Movimiento Derecho al Futuro (MDF).
En sus alocuciones más recientes, el gobernador bonaerense transita constantemente entre el presente y el futuro. Sus intervenciones se centran en descalificar las medidas libertarias, trazar paralelismos entre la administración de Milei y los momentos más críticos del mandato de Mauricio Macri, y cimentar un perfil de oposición frontal basado en la reivindicación del Estado presente.
Kicillof ha empezado a jugar discursivamente con la posibilidad de una candidatura presidencial. Su estrategia electoral se apoya en sostener una postura de confrontación total en el tiempo, posicionándose como el reverso exacto de la figura del Presidente de la Nación.
Con un tono cada día más beligerante hacia la Casa Rosada, el gobernador utiliza su gestión en la provincia para contrastar modelos con el esquema político de La Libertad Avanza. Actualmente, representa la voz más activa entre los gobernadores de Unión por la Patria (UP), quienes mantienen un marcado perfil bajo. Un ejemplo de este protagonismo fue su presencia el martes pasado en las puertas del Congreso durante el debate de la reforma laboral, siendo el único mandatario de la liga opositora en asistir.
El recrudecimiento de la crítica y el contraste de modelos
En las últimas semanas, Kicillof ha intensificado su carga retórica contra el presidente Milei. Su discurso en Quequén fue una muestra clara de esta tendencia: “Lo que está ocurriendo no es azaroso ni un fallo en los cálculos. Son las consecuencias directas de decisiones de política económica específicas”, señaló.
El mandatario basó sus críticas en el deterioro del mercado laboral y la mortandad empresarial bajo la gestión nacional. “Se destruye un puesto de trabajo cada cuatro minutos y han cerrado 30 empresas por día desde la asunción de Milei. Son cifras extraordinarias; hay escasos periodos en la historia de nuestro país con registros similares”, denunció.
Asimismo, comparó el discurso oficialista actual con el de la etapa macrista, citando titulares sobre la supuesta recuperación en el segundo trimestre: “¿Cuántos años nos entretuvo Macri con el relato del segundo semestre, la luz al final del túnel o que lo peor ya había pasado? Son eslóganes crueles que buscan fabricar esperanzas mientras se incumplen las promesas”, sentenció.
Kicillof también fustigó al Presidente afirmando que “no recorre la Argentina” y que la realidad económica dista mucho del relato oficial. Sus cuestionamientos son sistemáticos y apuntan siempre a la figura de Milei, buscando contrastar permanentemente con la política de intervención estatal que él pregona en Buenos Aires desde 2019.
El peronismo en busca de una referencia ante la adversidad parlamentaria
Esta contraofensiva del gobernador surge en un momento de debilidad para el peronismo en el ámbito legislativo, tras no haber podido frenar la media sanción de la reforma laboral y las modificaciones al régimen penal juvenil. Aunque los proyectos aún deben pasar por la otra cámara, el oficialismo parece tener el terreno despejado para su sanción definitiva.
Estas derrotas consecutivas sitúan al peronismo en un escenario de fragilidad, donde la falta de una unidad efectiva ha dejado al descubierto la merma de poder tras los últimos comicios de medio término. En este panorama de retroceso para la oposición, la figura de Axel Kicillof emerge como la principal herramienta de resistencia y combate frente al ideario de La Libertad Avanza.