Apenas han transcurrido unas horas desde que el entrenador más trascendental en la historia de River Plate dejó su cargo, y ya resulta evidente que los motivos del quiebre trascienden los resultados deportivos. Aunque hoy parece más sencillo analizar las internas que fracturaron el día a día, lo cierto es que la salida de Marcelo Gallardo no fue producto únicamente de una racha adversa; fue el desenlace de un proceso de desgaste que se agudizó tras la eliminación ante Palmeiras. Aquel plantel, que hasta esa llave convivía bajo una armonía aparente, comenzó a mostrar síntomas de división que se profundizaron con el correr de los partidos, exponiendo choques entre la conducción del técnico y ciertos futbolistas que intentaron imponer liderazgos sin el respaldo de la trayectoria necesaria.
Dentro de la estructura del vestuario, los referentes incuestionables siguen siendo Franco Armani, Juanfer Quintero, Gonzalo Montiel y Lucas Martínez Quarta, con Sebastián Driussi orbitando cerca de esa mesa chica. Sin embargo, la figura que terminó de quebrar la relación con el «Muñeco» en el último tramo fue el Huevo Acuña. El defensor pasó de ser un pilar en 2025 a un futbolista sumido en lesiones y rendimientos deficientes en este 2026. La formación del último partido fue una prueba irrefutable de este conflicto: el juvenil Facundo González —quien ni siquiera es lateral natural— fue titular, mientras que figuras de la talla de Viña y el propio Acuña quedaron relegadas al banco de suplentes sin sumar un solo minuto.
El cronograma del final fue vertiginoso. El lunes, Gallardo llegó al predio con la firme convicción de dirigir el jueves y sostener su proyecto. Sin embargo, una serie de conversaciones consecutivas alteraron su decisión: primero una charla con el plantel, luego un encuentro privado con Juanfer Quintero y, finalmente, una reunión con Enzo Francescoli y Stefano Di Carlo. Estos diálogos precipitaron el video difundido por la noche; aunque originalmente se pensó en un comunicado escrito, fue el propio Gallardo quien insistió en grabar ese mensaje breve para hablarle directamente al hincha desde el corazón y el agradecimiento.
Tras el triunfo ante Banfield, el técnico ofreció un monólogo en lugar de una conferencia de prensa tradicional, donde expresó su tristeza por el cierre de este segundo ciclo. No obstante, dejó una frase inquietante que marca su futuro: «Mientras esté fuera…». Esa expresión mantiene abierta la puerta a un eventual tercer ciclo, ya sea desde el banco de suplentes o incluso incursionando en la política del club con una plataforma distinta a la actual. Lo que es innegable es que Gallardo no concibe su vida lejos del césped y la adrenalina de entrenar.
Por su parte, el termómetro de la gente no falló. Las más de 86.000 personas en el Monumental señalaron con claridad hacia dónde apuntan sus sospechas. En la previa, los silbidos castigaron a Martínez Quarta y Driussi, pero la reprobación fue unánime cuando la voz del estadio mencionó a los suplentes, envolviendo en un clima hostil a Bustos, Paulo Díaz, Acuña, Viña, Galoppo, Castaño, Colidio y Salas. Para este grupo de jugadores será sumamente difícil despegarse del juicio de la tribuna, que los señala no solo por sus bajos rendimientos, sino por la sospecha de haber provocado la caída del ídolo más amado en la historia de River Plate.