La inflación ha vuelto a posicionarse en el centro del debate económico tras el 2,9% registrado en enero por el Indec. Según diversos informes de consultoras privadas, no se percibe una desaceleración significativa para el segundo mes del año, lo que complica el objetivo oficial de alcanzar un índice cercano a cero para mediados de 2026. Los relevamientos de alta frecuencia, particularmente en el sector de alimentos y bebidas, muestran una inercia persistente que mantiene el indicador en niveles elevados.
En el mapa de las proyecciones privadas, Analytica presenta la visión más optimista con un estimado del 2,8%, lo que representaría una caída de apenas 0,1 puntos porcentuales respecto al mes anterior. En la vereda opuesta, Eco Go prevé un rango de entre el 2,9% y el 3%, sugiriendo incluso una ligera aceleración. Por su parte, la consultora C&T también sitúa su previsión por debajo del 3%, pero sin mostrar una tendencia de baja contundente. Este escenario resulta desafiante para el equipo económico, que necesita quebrar una inercia alcista que ya acumula más de cinco meses.
El rubro de alimentos y bebidas continúa siendo el principal motor de la dinámica inflacionaria. Un análisis reciente de LCG sobre la cuarta semana de febrero indicó que, si bien se registró una estabilidad momentánea en algunos precios, la inflación mensual promedio se disparó por encima del 4%. Un dato relevante de este informe es que la carne mostró una baja tras 15 semanas consecutivas de aumentos, aunque categorías como bebidas y carnes todavía mantienen incrementos mensuales superiores al 5%. De acuerdo a LCG, el promedio de las últimas cuatro semanas se aceleró hasta alcanzar el 4,2%.
En sintonía con estos datos, Analytica reportó que en la tercera semana de febrero los alimentos en el Gran Buenos Aires subieron un 0,8%, con un promedio mensual del 2,6%. Dentro de este segmento se observa una fuerte dispersión: mientras que carnes y pescados encabezaron las subas con valores superiores al 4%, productos como panificados y bebidas mostraron incrementos más moderados, cercanos al 1%. Otros informes, como el de Econviews, detectaron una suba promedio del 1,3% en la canasta de supermercados durante la tercera semana, impulsada nuevamente por carnes (4,4%) y verdulería (2,4%), acumulando un 2,1% en el último mes.
En medio de este panorama, persiste el debate sobre la metodología de medición oficial. Tras la salida de Marco Lavagna del Indec, el ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que no se modificará el esquema actual hasta que la desaceleración sea un hecho consolidado. Esta decisión posterga el reemplazo de la canasta de consumo de 2004 por la de 2017/2018. Según estimaciones privadas, si se hubiera implementado el cambio de fórmula en enero, el índice habría sido menor al 2,9%, ya que la nueva estructura reduce el peso de Alimentos de un 26,9% a un 22,7%, compensando con un aumento en la ponderación de Vivienda y Servicios Públicos en pleno proceso de quita de subsidios.
Para el corto plazo, los analistas coinciden en que el 2,9% de enero ha fijado un piso difícil de perforar. La denominada inflación núcleo, que depura el índice de factores estacionales y precios regulados, sigue mostrando una resistencia que impide una caída sustancial del IPC general. Hacia adelante, el éxito de la estrategia oficial dependerá de la coordinación entre la política salarial, la gestión del tipo de cambio y los ajustes pendientes en los precios regulados, en un contexto de alta sensibilidad social donde cada décima de inflación impacta directamente en el poder adquisitivo.