Fin del pacto: Emiratos deja la OPEP y estalla la guerra por el precio del petróleo

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Apenas unos días después de confirmar que negocia un swap de monedas con la administración estadounidense, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) —pieza clave en el tablero energético global— sacudieron al mercado al anunciar su salida de la estratégica organización. Detrás de esta ruptura se vislumbra la influencia de Donald Trump y el impacto de un barril de crudo cada vez más costoso, impulsado por el conflicto bélico iniciado contra Irán.

El escenario regional es crítico: Estados Unidos e Irán siguen sin concretar una mesa de diálogo en Pakistán, el estrecho de Ormuz permanece bloqueado y el precio internacional del crudo ya superó la barrera de los 110 dólares. Con la incertidumbre sobre la duración de la guerra lanzada por Washington e Israel a finales de febrero, este martes estalló un nuevo frente —esta vez diplomático— con ondas de choque globales. Los EAU oficializaron su abandono de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el bloque que ha regido la producción mundial durante seis décadas y donde Arabia Saudita ejerce históricamente el liderazgo. Se trata de un golpe directo al corazón de la entidad, alineado con las críticas que Trump ha lanzado desde su primer mandato en su búsqueda por abaratar los combustibles en su país.

Aunque no es inédito que un miembro se retire, el peso de Emiratos es significativo: es el cuarto productor del grupo, solo por detrás de los saudíes, Irak e Irán. Si bien Abu Dhabi siempre ha sido un aliado estrecho de la Casa Blanca, recientemente se había mantenido dentro del consenso del Consejo de Cooperación del Golfo (junto a Omán, Qatar, Kuwait y Bahrein) de no involucrarse directamente en la ofensiva de Trump y Benjamin Netanyahu contra Teherán, pese a sufrir constantes ataques iraníes. El giro de timón parece haberse gestado hace dos semanas en Washington, durante las reuniones del FMI y el Banco Mundial, donde el jefe del Banco Central emiratí, Khaled Mohamed Balama, formalizó negociaciones para un swap con el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent.

Balama justificó el acercamiento bajo la premisa de «alinear perspectivas sobre prioridades financieras y explorar soluciones innovadoras para la estabilidad regional». Lo cierto es que la economía emiratí está sufriendo el desgaste de la guerra: se estiman pérdidas regionales de 600 millones de dólares diarios. En los EAU, el impacto es doble: el sector energético padece el cierre de Ormuz y los ataques a su infraestructura, mientras que el turismo se ha desplomado por las restricciones aéreas y el éxodo de extranjeros. El swap se percibe así como un salvavidas de liquidez en dólares ante un conflicto que amenaza con cronificarse.

La estrategia de «divide y vencerás»

La salida de la OPEP, que será efectiva este viernes 1 de mayo, revela que las conversaciones financieras llevaban una carga política profunda. Al abandonar el bloque, Emiratos desafía la hegemonía de Riad y facilita la estrategia de Trump para influir en los precios sin necesidad de pactar con Irán. EAU es el segundo país con mayor capacidad de producción ociosa; bajo el régimen actual de cuotas de la OPEP, su techo oscila entre los 3 y 3,5 millones de barriles. Trump, que lleva años acusando al cartel de «inflar los precios», urge una expansión masiva de la oferta que la OPEP+ (incluyendo a Rusia) se ha negado a conceder, limitándose a un aumento mínimo de 200.000 barriles. Para la Casa Blanca, en pleno año electoral y con la inflación al alza, esta resistencia era inaceptable.

Según Cornelia Meyer, CEO de Meyer Resources, la salida permitiría a Emiratos escalar su producción hasta los cinco millones de barriles diarios. No obstante, el obstáculo logístico persiste: necesitan que Ormuz se abra o concretar planes alternativos, como los oleoductos desde Abu Dhabi hacia el puerto de Fujairah en el Golfo de Omán. Sin embargo, dicha zona ya ha sido blanco de bombardeos iraníes, lo que subraya la vulnerabilidad de la infraestructura.

Meyer advierte que el impacto real llegará cuando termine la guerra: «Una vez superado el conflicto, habrá mucha más volatilidad. La OPEP ha sido eficaz calmando las aguas y ajustando la oferta según la necesidad. Su salida no favorece la estabilidad del mercado, aunque la organización sobrevivirá». Aun así, el optimismo es frágil. Scott Bessent ya ha sugerido que otros aliados del Golfo y Asia podrían seguir el camino del swap, lo que implicaría un debilitamiento sistemático de las potencias petroleras regionales.

Un escenario de desprotección

Países como Qatar, Bahrein y Kuwait han comprobado que la tradicional alianza militar con EE. UU. no ha bastado para frenar las represalias de Irán. La percepción de desamparo frente a los drones de Teherán hizo que los vecinos árabes evitaran escalar el conflicto. Ahora, enfrentan la realidad de que a Trump no parece urgirle la reapertura de Ormuz; de hecho, Washington ha optado por imponer su propio bloqueo, un desafío que ninguna potencia, ni siquiera China, ha osado cuestionar militarmente.

Este panorama deja a los aliados históricos en una situación precaria: bombardeados por un lado y con sus economías amenazadas por otro, mientras Washington y Teherán miden fuerzas. En este contexto, los líderes del Consejo de Cooperación del Golfo se reunieron en Jeddah, Arabia Saudita, en su primera cumbre presencial de la guerra. Su postura oficial es exigir el fin de las hostilidades, pero el gran temor es el surgimiento de un «conflicto congelado»: un estado de baja intensidad donde no hay paz ni resolución, y donde consecuencias asfixiantes, como el cierre de Ormuz, se vuelven permanentes.

«No queremos un conflicto que solo se descongele por conveniencia política», advirtió el portavoz catarí Majed al Ansari. Mientras la volatilidad reina en Medio Oriente, el tablero ha cambiado. La OPEP se debilita y Washington ha demostrado su capacidad para quebrar instituciones internacionales que gestionan el 40% de la producción mundial de crudo, utilizando la vulnerabilidad económica de sus propios aliados como palanca de control.

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