El compendio, que reúne imágenes exclusivas capturadas por Jorge Luengo, tuvo su estreno oficial en la Feria del Libro bajo una atmósfera de profunda emotividad.
Un registro fotográfico inédito sobre la histórica tarde en la que Diego Armando Maradona fue homenajeado en La Bombonera fue presentado este martes en La Rural de Buenos Aires. El acto contó con la presencia de destacadas personalidades de la cultura, el deporte y el periodismo. Las capturas son obra de Jorge Luengo, quien fue el único fotógrafo autorizado por el propio astro para acceder al campo de juego aquel 10 de noviembre de 2001. Este tesoro visual permaneció resguardado y fuera del alcance del público durante un cuarto de siglo.
El volumen, editado conjuntamente por Editorial Octubre y la Librería Caras y Caretas, recopila gestos, escenas y momentos íntimos de aquel partido que hasta hoy no habían visto la luz. Luengo no era un profesional más en el entorno de Maradona: lo acompañó por el mundo durante más de dos décadas, desde Cuba hasta Dubái, acumulando un archivo personal de aproximadamente 30.000 imágenes. Según relató el propio fotógrafo, la exclusividad de su acceso al césped ese día fue una orden directa y expresa del «Diez».
La presentación fue moderada por el periodista Víctor Hugo Morales y tuvo como invitado especial a Fernando Signorini, histórico preparador físico y confidente de Diego. El evento se transformó en una jornada de rescate del patrimonio visual y la historia del fútbol argentino.
Crónica de una tarde legendaria
El encuentro que el libro inmortaliza fue uno de los sucesos más masivos en la historia del estadio de Boca Juniors. Más de 50.000 personas colmaron las tribunas para ver a un Maradona de 41 años —quien ya llevaba cuatro años retirado de la actividad profesional— vestir las camisetas de la Selección Argentina (dirigida por Marcelo Bielsa) y de Boca. En frente estuvo el equipo de las «Estrellas del Mundo», integrado por figuras de la talla de Juan Román Riquelme, Carlos Valderrama, Eric Cantona y el portero colombiano René Higuita. El resultado final fue 6 a 3 a favor del equipo del homenajeado, con dos tantos de penal firmados por el propio Diego frente a la tribuna de «La 12».
En la previa, Maradona había marcado la cancha frente a los medios con su habitual estilo directo: “Muchachos, no promocionen esto como mi despedida. Es un partido homenaje. Si dicen despedida, los boxeo a todos, uno por uno”, advirtió durante la conferencia de prensa.
Sin embargo, el sentimiento desbordó la planificación. Los últimos 30 minutos del encuentro fueron desgarradores: Diego jugó con la número 10 de Boca —que esa tarde pertenecía a Riquelme y llevaba el nombre «Román» en el dorso— y se quebró en llanto ante la ovación ensordecedora. En los palcos, sus padres, Doña Tota y Don Diego, no pudieron contener la emoción, mientras que sus hijas Dalma y Gianinna se sumaron al campo sobre el final.
Fue en ese contexto de vulnerabilidad y gratitud donde surgió la frase más icónica de la historia del deporte nacional. Frente al micrófono, Maradona agradeció a sus colegas y al público, y pronunció de forma espontánea aquellas palabras que se volvieron un mantra: “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota… la pelota no se mancha”.
El guardián de los recuerdos
La obra de Luengo funciona también como un tributo personal a su gran amigo. El fotógrafo tucumano conoció a Maradona en 1995 en Punta del Este bajo circunstancias tirantes: Diego lo increpó por seguirlo, pero de ese choque inicial nació una fraternidad que perduró hasta el fallecimiento del astro en noviembre de 2020. “Para mí él era un cuadro con pies, como si fuera San Martín”, describió Luengo en una entrevista otorgada a La Nación en 2021. Fue el propio Diego quien le sugirió en vida que reservara su material más íntimo, un consejo que el fotógrafo respetó estrictamente hasta la publicación de este archivo revelador.