Un flujo constante de divisas provenientes de las exportaciones, sumado a la estrategia monetaria del Banco Central, consolida un escenario propicio para las colocaciones en moneda nacional. Cuáles son las proyecciones de los analistas sobre la vigencia de este fenómeno.
Argentina transita un periodo de marcada estabilidad cambiaria, impulsado por una mayor oferta de dólares y una notable restricción en la liquidez de pesos. Este contexto ha revitalizado el carry trade, atrayendo a inversores que buscan capitalizar los rendimientos en moneda local. Especialistas del sector anticipan que esta calma podría prolongarse en el corto plazo, apuntalada por la liquidación del sector agroexportador y las emisiones de deuda tanto corporativa como de administraciones provinciales.
El mecanismo detrás del beneficio
El carry trade consiste en financiarse en una moneda con tasas de interés bajas para reinvertir ese capital en activos que prometan retornos superiores en otra divisa. En la plaza local, esta maniobra se traduce en la venta de dólares para posicionarse en instrumentos en pesos, aprovechando las altas tasas vigentes. La combinación de un tipo de cambio planchado (o en descenso) y la escasez de moneda nacional vuelve sumamente atractiva esta operación.
La pax cambiaria se fundamenta en un flujo robusto de divisas, principalmente originado por el sector exportador, que mantiene nutrida la oferta en el mercado. En paralelo, el Banco Central (BCRA) aplica una política que profundiza la falta de pesos. Si bien la entidad ha comprado más de USD 2.300 millones en lo que va del año —lo que implica emisión de moneda—, esa liquidez es absorbida rápidamente.
El instrumento de absorción es el Tesoro Nacional, que mediante licitaciones de deuda capta los excedentes de pesos y los retira de circulación, evitando presiones inflacionarias adicionales por exceso de dinero.
El regreso de la desdolarización
Este ecosistema incentiva a los ahorristas e inversores a desprenderse de sus dólares para buscar la tasa en pesos, bajo la percepción de un riesgo devaluatorio acotado. Como resultado, la demanda de divisas por parte de privados ha caído, dando paso a un proceso de desdolarización de carteras, revirtiendo la tendencia alcista que se observó en la previa de las legislativas de octubre de 2026.
Desde la consultora LCG, señalan que la oferta de divisas es «superior a la media», traccionada por préstamos en moneda extranjera y colocaciones de provincias y empresas que deben liquidarse en el Mercado Libre de Cambios (MLC). Para sus analistas, el «carry cubierto» que convalida el Gobierno funciona como un «puente» estratégico hasta la llegada de los dólares de la cosecha gruesa en el segundo trimestre.
Por su parte, especialistas de Cohen Aliados e Invecq coinciden en que el entorno internacional favorable para las monedas de la región y una demanda sostenida de títulos públicos en pesos refuerzan la apreciación del tipo de cambio.
Importaciones deprimidas y acumulación de reservas
Gonzalo Carrera, economista de Equilibra, destaca que el enfriamiento del consumo también colabora con la calma, al reducir la salida de dólares por importaciones. “El Banco Central pasó de comprar USD 55 millones mensuales en enero a un promedio de USD 91 millones en febrero, generando un ciclo de mayor confianza”, explicó.
No obstante, Carrera advierte que este esquema no está exento de riesgos. El tipo de cambio se ubica actualmente un 13% por debajo del techo de la banda, y aunque se han adelantado exportaciones mediante prefinanciaciones, la sostenibilidad depende de variables delicadas.
En la misma línea, GMA Capital subraya que la aceleración inflacionaria podría tensionar el modelo. Si los precios suben y el dólar se mantiene estático, se produce una apreciación real que afecta la competitividad externa y reduce la tasa real de interés en pesos, lo que podría debilitar la demanda de moneda local si no se mantiene un diferencial de tasa atractivo.
Proyecciones y horizontes
Sobre la duración de este oasis cambiario, Carrera indica que el mercado opera bajo un sendero de confianza, aunque los contratos de dólar futuro para marzo ya proyectan valores cercanos a los $1.450. La prueba de fuego llegará entre finales de abril y principios de mayo, cuando el sector agropecuario deba decidir si liquida su producción con los incentivos actuales o si demanda una aceleración en el ritmo de devaluación.
Finalmente, Emilio Botto, de Mills Capital Group, sugiere que el dólar aún tiene margen para profundizar su baja. “La oferta actual trasciende al agro; las colocaciones corporativas siguen aportando fluidez al mercado y quitando presión a la brecha cambiaria”, concluyó.