Economistas y referentes del sector empresarial coinciden en señalar que, a pesar de la incipiente desaceleración de la inflación y cierta estabilidad en el mercado de cambios, las pequeñas y medianas empresas se enfrentan a un mercado de consumo deprimido, altos costos operativos y un acceso sumamente restringido al crédito productivo.
La dinámica económica de cara al final del año presenta un panorama de señales mixtas para las pymes y las economías regionales. Mientras algunos rubros experimentan un leve alivio debido a la menor variación inflacionaria interanual y una mayor calma financiera, la vasta mayoría confronta un nivel de actividad bajo, serias dificultades para obtener financiamiento y persistentes interrogantes sobre la evolución futura del tipo de cambio.
Aunque las realidades de la economía regional, la industria manufacturera, los servicios y la producción exportadora difieren en sus particularidades, todas comparten una certeza fundamental: la recuperación del consumo interno, el aumento de las ventas y la mejora en las condiciones de financiamiento serán los factores determinantes para el desempeño durante los próximos meses.
Un Mapa Desigual en las Economías Regionales
Damián Di Pace, analista económico y director de Focus Market, describe un escenario notablemente heterogéneo. Según su análisis, no todos los sectores regionales muestran una mejoría; de hecho, algunos se encuentran en una situación adversa. Entre aquellos que lograron repuntar, se destacan los productores de granos, bovino, ovino y carnes, impulsados por el crecimiento de las exportaciones y la reciente baja de retenciones, una medida que, según explicó, descomprimió efectivamente la presión fiscal para aumentar los envíos al exterior.
No obstante, el alivio es parcial. Di Pace subraya que los costos logísticos, la inflación y los incrementos de costos en general continúan impactando al conjunto de las actividades productivas, y que cada economía regional enfrenta «su problema coyuntural específico». Además, el analista menciona que se mantiene abierta la expectativa de nuevas reducciones de retenciones, aunque su alcance final dependerá de la letra chica del acuerdo marco comercial con Estados Unidos, específicamente si este permite la importación de insumos y materias primas necesarias a un menor valor por la reducción de aranceles.
Entre los rubros más golpeados, el vitivinícola sobresale. Di Pace comenta que las bodegas enfrentan «una inflación de costos en dólares muy importante» y, simultáneamente, una disminución del precio internacional del vino. La caída del consumo interno agrava el panorama, ya que el sector externo no logra compensar. Situaciones similares se observan en las actividades de algodón y hortalizas, que están «complicadas» por problemas de exportación y costos elevados.
Consumo Débil y la Escasez de Crédito
El economista Nicolás Aroma pone el foco en la falta de demanda como un elemento central que afecta a las pymes. Para aumentar el nivel de actividad, sostiene que es imprescindible «tonificar el consumo», ya que diversos niveles de demanda han quedado muy rezagados y sin ese impulso, el problema de la actividad no se podrá solucionar.
Los salarios son identificados como un factor crítico. Aroma estima que «con salarios en niveles muy bajos, que han estado palo a palo con la inflación, no va a aumentar el consumo interno». A esto se suma un problema estructural: el financiamiento. Muchas pymes se encuentran «asfixiadas financieramente, con escasas posibilidades de sostener su capital de trabajo, porque sus tasas de rentabilidad son mucho más bajas que el costo del endeudamiento». Aroma sugiere que la estabilidad financiera posterior a las elecciones le ofrece al Gobierno la oportunidad de priorizar a las pymes, que arrastran «flujos de caja muy perjudicados en el último año y medio», aunque advierte que la recuperación no será inmediata.
El Riesgo de la Apreciación Cambiaria y la Competitividad
Martín Kalos, economista de EPyCA Consultores, analiza la tensión entre la competitividad y el tipo de cambio. Su diagnóstico es claro: la pérdida de ventas es hoy más determinante que cualquier potencial baja de impuestos. Afirma que el impacto de una desregulación o reducción fiscal es «relativamente bajo en comparación con lo que realmente les importa a las empresas, que es que no venden».
Según Kalos, muchas empresas dejaron de exportar en los últimos 15 años y no retomarán esa actividad únicamente por un cambio impositivo. Para conquistar mercados externos se requiere una macroeconomía estable y un tipo de cambio competitivo, y este último es el factor bajo mayor tensión. El nivel de competitividad es «muy justo», y la promesa del Gobierno de no permitir una devaluación significativa genera la expectativa de una apreciación cambiaria, lo que desincentiva a las empresas a buscar activamente mercados externos. Esta expectativa se refuerza con la política de bandas cambiarias: si el techo de la banda no sube más que un 1% mensual, mientras la inflación proyectada se mantiene en torno al 2%, el Gobierno está anunciando un proceso de apreciación cambiaria.
Mientras tanto, el mercado interno tampoco muestra signos de recuperación. Los ingresos familiares han disminuido y la porción destinada a servicios públicos ha aumentado, limitando la capacidad de compra. A esta situación se añade otra presión: la competencia de importados, que afecta especialmente a las economías regionales. Kalos señala que esto genera «problemas de competitividad espuria» debido a la entrada de productos más baratos o con menores controles, poniendo a muchas pymes en desventaja. El economista concluye que la inversión no repunta porque las empresas operan a una capacidad de entre el 50% y 70%. Lo que realmente se necesita, enfatiza, son «expectativas de ventas, y ese es el gran punto».
Expectativas Acotadas y Resistencia Industrial
Desde el sector industrial pyme, Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), coincide en que la estabilidad cambiaria e inflacionaria ha reducido la incertidumbre, pero no ha logrado reactivar la economía. Si bien «el mercado está más tranquilo en el sentido de que no está el fantasma inflacionario», Rosato aclara que «post elecciones se frenaron las ventas y no hay señales de que vayan a recuperarse en el corto plazo».
La baja de tasas de interés fue importante, pero no se tradujo en una reactivación del crédito productivo, ya que las empresas optan por mantener «cierta austeridad». Aunque el segmento de cheques y giros se movilizó, la tendencia de la actividad general no se modificó. En el interior del país, particularmente en el norte, «sigue todo muy tranquilo». Rosato identifica al petróleo como el único sector con una señal más concreta de dinamismo, estimando una «reactivación fuerte recién en enero o febrero, pero solo en el sector petrolero». También el rubro de software muestra un repunte.
La industria manufacturera, por otro lado, se mantiene en niveles «muy bajos», lo que ha llevado a muchas empresas a bajar precios para sostener el volumen de ventas. Rosato explica que las empresas prefieren ir «a pérdida» antes que frenar la producción y perder espacio en el mercado.
Respecto al acuerdo marco comercial con Estados Unidos, el dirigente pyme diferenció los impactos: beneficiará al sector agropecuario por la baja de aranceles, pero «todo lo que tiene valor agregado no se verá beneficiado». Rosato advierte que el golpe podría ser significativo para actividades como la automotriz, que compiten con productos estadounidenses de menores costos.
El industrial insiste en la necesidad de modificar la estructura impositiva. «Si no se bajan los Ingresos Brutos, el Impuesto al Check y si no se toman medidas para reducir los costos laborales, la industria no va a crecer». En este sentido, propuso la creación de un Régimen de Incentivos para Pymes Industriales (RIPI), análogo al RIGI para grandes inversiones. El dirigente también alerta sobre el cierre de numerosas empresas, instalando al Gobierno a tomar medidas para evitar la pérdida de recuperación.
Las pymes llegan al cierre del año con una combinación de oportunidades limitadas, desafíos urgentes y un horizonte incierto en cuanto al nivel de actividad, el tipo de cambio y el financiamiento. La posible recuperación se focaliza en sectores específicos como hidrocarburos y economía del conocimiento, mientras que la mayoría enfrenta ventas deprimidas, costos elevados y un consumo que no logra repuntar. La esperanza de nuevas medidas para aligerar impuestos, mejorar la competitividad y fortalecer la demanda convive con el temor a que la apreciación cambie, la competencia de los importados y la escasez de crédito profundicen las dificultades. En este equilibrio inestable, la resistencia se configura como el punto de partida para lo que viene, más que la expansión productiva.