El inminente estreno de una nueva versión cinematográfica de Cumbres Borrascosas, bajo la dirección de Emerald Fennell y con el protagonismo de Margot Robbie y Jacob Elordi, ha vuelto a situar a Emily Brontë en el centro del debate cultural, a 175 años de la aparición de su obra cumbre.
La vigencia de este clásico incombustible radica tanto en la potencia psicológica de sus protagonistas como en la controversia que, aún hoy, suscita el papel de las escritoras y las rígidas normas de la Inglaterra victoriana.
Emily Brontë, nacida en 1818 en Yorkshire, fue una poeta y novelista cuya existencia transcurrió mayormente en la rectoría de Haworth. Allí concibió su única novela y un conjunto de poemas que, tras su prematuro fallecimiento en 1848, la consagraron como una de las voces más disruptivas y originales de la literatura anglosajona. Su producción, atravesada por el aislamiento y una imaginación desbordante, desafió frontalmente los cánones literarios de su tiempo.
La quinta hija de la dinastía Brontë publicó su obra maestra en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell. Fue una táctica de camuflaje compartida con sus hermanas, Charlotte y Anne (quienes firmaron como Currer y Acton Bell), diseñada para evadir los prejuicios de género que pesaban sobre las autoras. La identidad real de las hermanas no se revelaría hasta 1850, un hito fundamental para su posteridad. Patrick Brontë, el patriarca, fue un pilar clave que fomentó la creatividad de sus hijas y apoyó su formación intelectual pese a las barreras sociales de la época, tal como destaca la plataforma EBSCO.
La vida en Haworth, rodeada por los páramos de Yorkshire, fue una amalgama de brillantez creativa y tragedia personal. Pese a su talento excepcional, las Brontë sufrieron constantes pérdidas y enfermedades. Mientras Charlotte fue la única en experimentar el éxito en vida tras publicar Jane Eyre, Emily sucumbió a la tuberculosis a los 30 años. Anne, por su parte, alcanzó a editar dos libros antes de su temprana partida. En el ámbito familiar, el hermano, Branwell Brontë, también manifestó dotes artísticas, aunque sus adicciones al alcohol y al opio ensombrecieron la dinámica del hogar. A pesar de estas adversidades, las hermanas lograron crear personajes femeninos complejos que subvirtieron las convenciones de su siglo.
En sus inicios, Cumbres Borrascosas fue tildada de “inmoral”, “vulgar” y “poco artística” por la crítica especializada, según consigna la Enciclopedia Britannica. A través del tormentoso vínculo entre Heathcliff y Catherine, la novela se atrevió a explorar temas como el maltrato, el alcoholismo y la independencia femenina, elementos casi inexistentes en la narrativa social de entonces. Aquella intensidad provocó un rechazo inicial en el público victoriano, y el reconocimiento unánime solo llegaría de forma póstuma. Hoy, la rectoría de Haworth es un museo que honra el legado de una familia signada por la genialidad y la lucha contra las restricciones.
Por otra parte, la obra ha inspirado más de diez adaptaciones para cine, televisión y teatro durante el último siglo. Desde el hito de la cinematografía clásica dirigido por William Wyler en 1939 (con Merle Oberon y Laurence Olivier), pasando por la traslación de Luis Buñuel al contexto mexicano en Abismos de pasión (1954), hasta la aclamada miniserie de Peter Kosminsky de 1992, famosa por su apego al texto original.
En 2011, la versión de Andrea Arnold propuso una lectura realista sobre la exclusión, el racismo y la violencia. En la actualidad, la propuesta de Emerald Fennell es definida por el diario británico The Guardian como «provocadora» y de tono «abrasivo». Este nuevo lanzamiento ha reactivado la discusión sobre la fidelidad a los clásicos y los horizontes de la interpretación social y erótica en las adaptaciones contemporáneas.