Un exhaustivo relevamiento realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA revela un panorama crítico para el entramado productivo nacional. Según el estudio elaborado por AESIAL y CEHEAL, la industria argentina ha destruido aproximadamente 100.000 puestos de trabajo directos entre noviembre de 2023 y la actualidad, lo que representa un ritmo de pérdida de 160 empleos diarios. Este fenómeno no es un hecho aislado, sino la consecuencia de una contracción del 8,3% en el valor agregado industrial, cifra que contrasta drásticamente con el ligero crecimiento del 1,3% que experimentó la economía general en el mismo periodo.
La profundidad de la crisis se manifiesta en un uso alarmantemente bajo de la infraestructura productiva. Durante los últimos dos años, las fábricas han operado con más del 40% de su capacidad ociosa, situándose por debajo del umbral del 60% de utilización. Este retroceso afecta a 22 de los 24 rubros industriales, golpeando con especial dureza a sectores como la metalurgia, el calzado, las curtiembres y los insumos para la construcción, que registran desplomes de hasta el 25%. En contraste, sectores básicos como la alimentación y el tabaco han mostrado una resistencia mayor, aunque no han quedado exentos de la tendencia declinante.
Uno de los puntos más preocupantes del informe es el retroceso estructural de la industria en la matriz económica del país. El peso del sector en el Producto Bruto Interno (PBI) cayó del 16,5% en 2023 al 13,7% en 2025, una participación que devuelve a la Argentina a niveles previos a la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, se observa una «simplificación» del perfil exportador: las Manufacturas de Origen Industrial (MOI), que aportan mayor valor agregado y tecnología, han perdido terreno frente a los commodities y alimentos procesados, cayendo del 35% de las exportaciones sectoriales en 2011 al 28% actual.
El escenario se vuelve aún más complejo por la dinámica entre la producción local y el comercio exterior. Mientras la fabricación nacional de bienes de capital se desplomó un 25%, las importaciones del rubro crecieron un 77%. Un ejemplo claro de esta asimetría es el impacto del Decreto 273/2025, que al flexibilizar la entrada de maquinaria agrícola usada provocó que estas compras externas se multiplicaran por ocho, amenazando directamente a los fabricantes locales.
Finalmente, el estudio advierte sobre un cambio de paradigma en la política pública. El Presupuesto 2026 contempla un recorte del 40% en recursos y exenciones para la industria general, desplazando los incentivos hacia el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), enfocado en minería y energía. Con un PBI industrial per cápita que ha retrocedido a niveles de 1985, los investigadores concluyen que la Argentina atraviesa un proceso de desindustrialización que, de no revertirse, alterará de forma permanente la capacidad de generar empleo calificado y desarrollo tecnológico en el país.