El gobierno de Javier Milei ha decidido alinear plenamente su estrategia con la de Estados Unidos respecto a la transición política en Venezuela. Si bien inicialmente Buenos Aires había impulsado la figura de Edmundo González Urrutia para asumir el mando, esta propuesta no contó con la validación de la administración norteamericana, lo que obligó a un recalibrado en la postura argentina.
Entre el silencio estratégico y el «Wait and See»
Tras los vertiginosos eventos del fin de semana, el presidente Milei y su entorno más cercano optaron por reducir sus apariciones públicas el domingo. En el Ejecutivo consideran que las señales políticas necesarias ya fueron enviadas durante el sábado, especialmente tras el operativo en Caracas. La visión actual en los pasillos de Balcarce 50 es que el destino político de Venezuela depende ahora, de manera casi exclusiva, de cómo Washington gestione sus negociaciones con la cúpula chavista remanente.
Para la Casa Rosada, el escenario se ha transformado en un estado de «wait and see» (esperar y ver). «Por el momento, nuestra posición es acompañar el proceso de transición delineado por Donald Trump», admitieron fuentes con acceso a los despachos más influyentes del Gobierno.
El viraje de Washington y el rol de Delcy Rodríguez
El mismo sábado, tras la captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, Trump declaró que Estados Unidos «gobernaría» Venezuela. No obstante, esa postura fue matizada poco después por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien señaló que Washington mantendrá una suerte de «cuarentena» militar sobre las exportaciones petroleras para presionar al nuevo liderazgo emergente en Caracas.
En este esquema, es una certeza que la Casa Blanca ha seleccionado a Delcy Rodríguez como la interlocutora clave para la transición. El objetivo actual es coaccionar al gobierno venezolano para implementar reformas estructurales que, eventualmente, abran el camino hacia un relevo político profundo. Para Trump y su equipo, Rodríguez es la figura del régimen con mayor pragmatismo y capacidad para comprender las reformas de apertura económica exigidas por Washington, habiendo sido artífice previa del giro hacia políticas menos socialistas.
En consecuencia, Estados Unidos parece dispuesto a otorgar un margen de maniobra para la recuperación económica mediante inversiones petroleras. Sin embargo, la advertencia de Trump es tajante: ante cualquier resistencia, se autorizará una segunda fase de operaciones militares.
El alineamiento incondicional de Milei
Frente a estos detalles operativos, la Casa Rosada prefiere no interferir. Milei ha dejado claro su respaldo total a las medidas que Estados Unidos considere pertinentes, asegurando que cualquier apoyo requerido por Washington será concedido.
«Colaboraremos en todo lo necesario para que, una vez superada la transición, Venezuela cuente con un Gobierno democrático y republicano», afirmaron fuentes oficiales. «Nuestro apoyo a la Casa Blanca es incondicional. Somos el único país de la región dispuesto a este nivel de colaboración», subrayó otro funcionario de peso.
El cambio de narrativa sobre la oposición venezolana
Originalmente, el Gobierno argentino había señalado a la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, como una pieza central para el corto plazo. Incluso, Milei afirmó en su primera entrevista tras el operativo que Edmundo González Urrutia era el presidente electo con un mandato legítimo por cumplir.
Sin embargo, Trump relativizó el rol de González Urrutia para la etapa venidera y manifestó que Machado carece del respaldo necesario para liderar el país en este contexto. Ante esto, la Casa Rosada ajustó su discurso:
«Maduro construyó un Estado donde las estructuras militares y empresariales le son fieles. Si Estados Unidos no interviene en esa base, el chavismo persistirá. Pero imponer a alguien como González Urrutia podría ‘sirianizar’ el país, ya que carecía de legitimidad como líder conductor incluso hace dos años. Debe ser parte de un diálogo posterior, junto a Machado, que tiene más peso político, pero el panorama hoy es sumamente complejo», analizó un miembro de la mesa política de Milei.
Expectativa por la reacción militar y próximos pasos
Bajo este clima de sensibilidad extrema, el Gobierno argentino se limita a ratificar su disponibilidad hacia la administración Trump, mientras observa con cautela los movimientos de Delcy Rodríguez. Fuentes con línea directa con Washington confían en que la presión derivará en un acuerdo de transición, descartando —por ahora— una nueva oleada de ataques, aunque prevén un mes de máxima tensión.
Marco Rubio, en declaraciones a NBC News, acotó que la ventana de oportunidad para que la gestión interina se adapte a las exigencias de la Casa Blanca es breve: «de dos semanas a tres meses». «Deben decidir qué rumbo tomarán; esperamos que sea distinto al de Maduro para lograr una transición integral», señaló el secretario de Estado.
En Argentina, la preocupación reside en si Rodríguez podrá distanciarse de la línea dura de las Fuerzas Armadas, lideradas por Vladimir Padrino López. El ministro de Defensa ya manifestó su rechazo al operativo, calificándolo de «amenaza al orden global» y «colonialismo», reafirmando su lealtad al chavismo bajo la consigna de «independencia o nada».
Agenda oficial
Por el momento, Javier Milei no tiene actividades públicas previstas hasta el jueves, día en que se inaugurará el Festival de Doma y Folklore de Jesús María en Córdoba, donde se espera la presencia de figuras de La Libertad Avanza. Mientras tanto, no se han registrado contactos oficiales con Machado o González Urrutia, pero sí una comunicación constante con el equipo de Trump.
El embajador Alec Oxenford confirmó que se han mantenido intercambios fluidos con altos mandos de EE. UU., el Congreso y centros de pensamiento para transmitir el «apoyo inequívoco» de Milei a la operación que terminó con la captura de quien el gobierno argentino califica como el «dictador y narcoterrorista» Nicolás Maduro.