La interna del fútbol argentino atraviesa un momento de máxima tensión tras la decisión de River Plate de retirarse del Comité Ejecutivo de la AFA. Si bien en el pasado Rodolfo D’Onofrio y Jorge Brito habían manifestado sus diferencias respecto al formato del torneo y la distribución de los derechos de televisión, fue finalmente Stefano Di Carlo quien, a pocos meses de asumir la presidencia, ejecutó el quiebre formal. A través de un extenso comunicado, el club de Núñez exigió procedimientos claros, previsibles y votaciones con antelación, dejando en claro su total disconformidad con decisiones recientes, como la proclamación de Rosario Central como campeón «en los escritorios» y los polémicos cambios en el reglamento de clasificación a las copas internacionales.
La controversia se centra en una medida votada —aunque aún no reglamentada— que altera el orden meritocrático: propone que el tercero de la tabla anual clasifique a la Sudamericana, mientras que el noveno accedería al repechaje de la Libertadores. Este esquema, que invierte la lógica competitiva, ha despertado incluso la atención de la Conmebol, ya que afectaría directamente el prestigio de sus certámenes al priorizar a equipos con menor rendimiento acumulado. En este escenario de desprolijidad reglamentaria, la postura de River parece alinearse con una movida más amplia que se gesta desde sectores gubernamentales, buscando que los clubes fijen una posición crítica ante la actual conducción de la calle Viamonte.
A la ruptura de River se suman otros clubes que mantienen una relación distante o tensa con la gestión de Claudio Tapia. Estudiantes de La Plata ya ha marcado su ausencia, Talleres de Córdoba mantiene una oscilación crítica y Atlético Tucumán atraviesa un vínculo complejo con la dirigencia nacional. Por su parte, Gimnasia y Esgrima La Plata, bajo la gestión de Carlos Anacleto, ha introducido en el debate la posibilidad de las sociedades mixtas. En contraste, instituciones como Racing, con una conducción más equilibrada bajo Diego Milito, prefieren evitar el quiebre directo, mientras que Boca Juniors mantiene una postura neutral, distanciándose del Gobierno pero sin exhibir una cercanía orgánica con Tapia.
El clima institucional se enrarece aún más por el frente judicial que enfrentan Tapia y Pablo Toviggino, cuya indagatoria fue postergada para el próximo 12 de marzo. Entre rumores de lock-out, la suspensión de fechas y la designación de un nuevo ministro de Seguridad con vínculos en el Tribunal de Disciplina, el fútbol argentino se encamina a una reconfiguración de poder. River ha jugado una carta fuerte, similar a la apuesta histórica de D’Onofrio por la Conmebol, pero esta vez eligiendo el aislamiento de la cúpula local. La gran incógnita ahora es si esta decisión de Di Carlo generará un efecto dominó en el resto de los clubes o si quedará como una postura solitaria frente a una dirigencia que espera la resolución de la Justicia y el guiño del poder político.